sábado, 28 de febrero de 2026

LEONOR HERMENEGILDA DEL CARMEN DE TEZANOS PINTO Y SEGOVIA.

LEONOR HERMENEGILDA DEL CARMEN DE TEZANOS PINTO Y SEGOVIA. Primera dama. Esposa de José Evaristo Uriburu (1895-1898)

Fotos personales tomadas el

Es muy posible que esta sea una de las primeras damas más olvidada que he registrado hasta el momento. Fuera de indicar que fue la esposa de quien fue presidente de la Argentina, Don José Evaristo Uriburu, que ejerció esa magistratura entre los años de 1895 a 1898, existe en una primera mirada pocos datos. Me falta consultar un libro escrito por Fermín Vicente Arenas Luque sobre la acción social de esta primera dama publicado por la Editorial Claridad en el año de 1940. Leonor nació el 28 de agosto de 1850 en Lima, Perú y falleció el 13 de diciembre de 1916 en Buenos Aires.

RECURSO BIBLIOGRÁFICO.

Los Tezanos Pinto en Argentina

La rama argentina de la familia Tezanos Pinto desciende de Manuel Joaquín de Tezanos Pinto, quien luego de ejercer el comercio en Buenos Aires y Potosí se instala en San Salvador de Jujuy. Allí contrae matrimonio el 18 de enero de 1795, en su  Catedral de San Salvador , [13]​ con Josefa Martina Sánchez de Bustamante González de Araujo, jujeña, hermana de  Teodoro Sánchez de Bustamante , firmante de la  Declaración de la Independencia Argentina

 

El matrimonio Tezanos Pinto Sánchez de Bustamante tuvo catorce hijos, que junto a su padre formarían una influyente red comercial alrededor de la sociedad "Tezanos Pinto y Cía", que se convertiría en la más influyente de la región surandina. La familia protagonizaría la vida política en Jujuy durante los siglos  XIX  y  XX , encontrándose entre sus miembros el constituyente  Manuel de Tezanos Pinto , el gobernador delegado  Serapio de Tezanos Pinto , el gobernador interino Mariano de Tezanos Pinto, y los gobernadores  Daniel Ovejero de Tezanos PintoDaniel Aráoz de Tezanos Pinto , y  Teófilo Sánchez de Bustamante de Tezanos Pinto .

 

En algún momento, algunos descendientes de Manuel Joaquín de Tezanos Pinto se radicaron en otras provincias argentinas: en  Salta  nació la familia García Pinto, en  Entre Ríos  se instaló Manuel de Tezanos Pinto Eguía, fundando allí la localidad de  Tezanos Pinto , y en  Buenos Aires  se avecindaron los hermanos Jacobo y  David de Tezanos Pinto , con dilatada sucesión en esa ciudad.

Descendencia en Argentina

Leonor Tezanos Pinto, primera dama, mujer de  José Evaristo Uriburu .

https://es.wikipedia.org/wiki/Familia_Tezanos_Pinto 







JUAN M. COLL: LOS RITOS FUNERARIOS Y EL PÀTRIMONIO FUNERARIO.

JUAN M. COLL: LOS RITOS FUNERARIOS Y EL PÀTRIMONIO FUNERARIO.

Fotos personales tomadas el 26 de octubre 2025
Es difícil negar que el patrimonio funerario forma parte de aquello que denominamos ritos y liturgias funerarias. Si entendemos por ritos esas ceremonias y conductas que una cultura o sociedad han determinado en forma posiblemente estereotipada, codificadas y claramente institucionalizadas mentalmente, podemos comprender que el patrimonio funerario forma parte de ese núcleo de símbolos y de actitudes mentales. Cada elemento de ese patrimonio se constituye y construye en ese contexto mental.
Esos ritos funerarios del cual forma parte y es expresión el patrimonio funerario refleja en forma consciente o inconsciente esos sentimientos profundos frente al mundo de creencias sobre la muerte, el mundo de lo que se denomina el más allá y los valores asignados a la dimensión trascendente al mundo actual. [1]
Tenemos que considerar que este patrimonio tiene una doble dimensión. Por un lado tiene el objeto de ser un memorial y un homenaje a los difuntos pero no podemos negar que también tienen como objetivo se de consuelo para los sobrevivientes y en cierto manera apaciguar los temores que la humanidad desde los más remotos tiempos ha sentido tanto frente a los difuntos como a la muerte misma. Esa doble dimensión tiene que formar parte integral en la comprensión, estudio y análisis del patrimonio funerario.
Los cementerios son una clara expresión de esa mentalidad. Más allá de las razones de higiene que acompañan a ese espacio desde hace pocos siglos, tenemos que analizar los rituales y el patrimonio funerario como la necesidad de marcar una distancia tanto con los cuerpos de los difuntos como de la muerte como sentimiento.
Detrás y debajo de estos rituales y de este patrimonio existe un mundo simbólico y un lenguaje que intenta calmar los temores y dolor frente a las ausencias de seres queridos y aún de la propia muerte que aparece en el horizonte temporal. El gesto de sepultar los cadáveres y todo el lenguaje ritual comprende la idea de un retorno a la madre tierra. La cremación encierra la idea de la purificación y el facilitar el paso de una dimensión terrenal a una celestial donde las columnas de humo ayudan a elevar la mirada de los dolientes hacia el cielo.
Es interesante estudiar la mentalidad cristiana con relación a las reliquias de los santos y mártires como para comprender la forma en que se extendió ese sentimiento a todo el patrimonio funerario. El deseo de ser sepultado junto a seres queridos o en determinados lugares considerados significativos mueve sentimientos aproximados a aquel deseo de ser sepultado en la proximidad de una persona con una fuerte carga mental de santidad. En todo el patrimonio funerario contemporáneo subsisten constantes que podemos considerar casi universales.
[1] Thomas, Louis Vincent.”La muerte. Una lectura cultural. Ediciones PAIDOS. Barcelona. 1991. 





lunes, 23 de febrero de 2026

CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano.

CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano.

Es sumamente útil este párrafo de Rafael Calzadillas con su descripción del Cementerio de la Recoleta alrededor del año de 1840. Lo considera un lugar abandonado, despojado aún de monumentos funerarios dignos de tal nombre. Lo mira como un potrero amurallado y por esa razón las familias economicamente pudientes que rechazaran aún entonces la idea de ser sepultados en tal espacio. Es igualmente interesante rescatar las costumbres de morir con el hábito de la cofradía u orden religiosa con la cual se había estado en relación durante su existencia.
RECURSO BIBLIOGRÁFICO.
CAPÍTULO XV.¿En lo que estábamos, preciso es confesarlo, verdaderamente atrasados ​​por aquella época de 1835 á 1840, era en materia de cementerios. Creo que ni siquiera era ese el nombre — paréceme que lo llamaban “Campo-Santo”. Los había generales y aun especiales; pues los conventos y monasterios tenían el suyo para su respectiva orden, comunidad ó congregación. Se enterraba aun en los templos, desde el átrio hasta el altar mayor; y lo extraño mismo en el piso que en sus paredes por el interior, según categoría religiosa o civil; así como según la devoción ó cofradía á que perteneciera el difunto, se le endosaba de mortaja el hábito de uno ú otro seráfico San Francisco y Santo Domingo; comprándolo en los respectivos conventos, se le hacia bendecir, y hete ahí enfrailado á uno después de muerto.
Los obispos, grandes prelados, dignidades eclesiásticas, párrocos de nombradía por su ciencia y virtudes, iban á parar al pié de los altares mayores. Los síndicos y personas civiles de mucha nombradía, por sus servicios al cultó ó por su austera religiosidad, alcanzaban la sepultura en los presbiterios. — En muchas iglesias se ven todavía lápidas sepulcrales, ya en el piso, ya en las paredes.
No negaré que estas costumbres respondieran á sentimientos piadosos, y fueron tendentes á despertar emulación religiosa en los fieles; pero condenada por la higiene, como lo están actualmente, pues se convertían nuestros templos en focos de infección, y de efluvios deletéreos eliminados, estando por una parte destinada a la congregación de grandes masas precisamente por su objeto, inspiraban, por otra parte, casi el mismo sentimiento de pavor que los campo-santos
Habíamos heredado de nuestros mayores, con la religión católica, estas costumbres, y creyéndolas inherentes á ésta, nadie hacia alto en los tumbas inconvenientes que física y moralmente comportaban aun en esa época tan alejada ya de la era revolucionaria de Mayo.
El campo-santo de la ciudad había sido establecido en un terreno valdío, especie de potrero amurallado, y contiguo al magnífico convento de la Recoleta, que, cuando se suprimieron las órdenes religiosas, fue erigido en la iglesia parroquial del Pilar.
Abrir una zanja, arrojar dentro de ella el cajón mortuorio, cubrirlo á pisón nuevamente con la tierra extraida hasta el nivel de la superficie, dejando al lado el sobrante, coloque á la cabeza una cruz de madera y mortus est qui non respirat /
No había ningún monumento, ¿qué digo! ni sepulcro notable habia allí. Era aquello una desolación, y terrorífica la impresión que producía su aspecto. Así, era dolorosísima la sensación producida por su aspecto, y desconsolaba profundamente pensar que á tan abandonada mansión, tenian que venir á parar los más privilegiados seres de nuestra afección.
Nada extraño es, y por el contrario, mucho explica esto, el que las personas pudientes ó de buenas y altas relaciones, se apresuraran con tiempo en adquirir el derecho por algún medio piadoso ó pecuniario, de ser sepultados siquiera fuera en el atrio de una iglesia.
Mis abuelos paternos fallecieron el año 39 (lo Dejo consignado aquí para que la posteridad no tenga que andar dándose de calabazadas, con la frente en las paredes del Cementerio, por averiguar cuando murieron los autores del célebre autor de “ Las Beldades de mi tiempo " — quien perdió á su abuelo el 7 de julio, y 70 días después, el 17 de Setiembre de 1839, su cariñosa abuelita).
¿De qué murió? me dirán las señoras con quienes lo hablo. De tristeza! de pena!
Habían vivido estos cónyuges 57 años de una existencia íntima, sin preguntas, sin disidencias de ningún género. Era demasiado para la esposa perder á tan avanzada edad el compañero inseparable de su vida. Se afectó profundamente — no podía olvidar. Cuando se vio sola fue atacada dé ictericia y... se la llevó! Espongo estas reminiscencias naturalmente, sin pretensión; pero cediendo á mis instintos, porque soy de la raza de los querendones; Pido excusa porque tal vez escandalizo por aquello de que el que lo hereda no lo hurta.
¡Y no lo creerán algunos! pienso morir en mi ley, gustándome todas las que veo[1]

[1] Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 163 a 165





domingo, 22 de febrero de 2026

LOS CIRIOS Y VELAS EN EL LENGUAJE SIMBÓLICO FUNERARIO.

LOS CIRIOS Y VELAS EN EL LENGUAJE SIMBÓLICO FUNERARIO.

Fotos personales tomadas el 19 de junio de 2025
La luz de los cirios, fuente de la iluminación física o espiritual, todas las llamas de las antorchas verticales o invertidas y de las velas más simples desempeñan un lugar importante en la simbología funeraria.
Todo cirio y toda vela simboliza una presencia: la de Cristo que es según las Escrituras la luz del mundo. En el Evangelio de Juan 18, 2 podemos leer: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. En línea con esta afirmación y justamente para señalar esta presencia que en la liturgia cristiana, aún en los tiempos de la electricidad se sigue encendiendo en los altares de diversas confesiones cristianas se encienden cirios y velas, ya no por una necesidad sino por su fuerza en simbolizar.
Esta lenguaje se nutre de diversos relatos bíblicos para enriquecer sus múltiples significados. Del relato de las Vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas, nace uno de estos significado de cirios y velas como símbolo de la vigilia y espera cristiana, muy adecuado para el lenguaje funerario: En el Evangelio de Mateo 25, 1.13 donde ser relata esta parábola se cuenta la necesidad de estar preparados para una espera de un retorno que se demora y por ello cada cristiano tiene que estar provisto de suficientes y necesarios recursos que alimente esa iluminación que le permite superar el tiempo de espera.
Es útil y necesario relacionar en el vocabulario simbólico de esta luz de vigilia con el significado de cementerio como espacio justamente de esa espera muy distante de toda relación con lo mortal. [1]

[1] CHEVALLIER, Jean, bajo la dirección y GHEERBRANT, Alain, colaboración. “Diccionario de los Símbolos”. Herder Editorial S.A. Barcelona. 2007. Página 463 





SEVERINC. Aproximación a las costumbres funerarias en Buenos Aires a fines siglo XIX.

SEVERINC. Aproximación a las costumbres funerarias en Buenos Aires a fines siglo XIX.

Fotos personales tomadas el 26 de octubre de 2025
El conocido libre escrito por Santiago de Calzadilla que se titula "Las Beldades de mi tiempo" puede ser una simpática fuente informativa sobre las costumbres funerarias. De hecho he encontrado el siguiente párrafo que dice: "Es verdad que también es cuestión de temperamento, como decía Tartas, el asiduo asistente á todos los funerales que terminaron acompañando á los doloridos á la casa, y que los obsequiaban con sabrosas jícaras de verdadero chocolate, ofrecido con marcadas muestras de agradecimiento. En aquel entonces no se almorzaba de tenedor como ahora, en que se hace una verdadera comida, y el obsequio de los funerales, era un aliciente para no faltará á la cita, (los más.) Ahora, todo ha cambiado, y ya no hay atención ninguna con el que se molesta dejando sus ocupaciones mas premiosas y se contentan con solo poner estos sacramentales palabras: ¡el duelo se despedirá en la puerta del templo ! / Única invitación /. . . de invención moderna, fruto de la época de las luces y de las cruces, con lo que todo termina y se van los doloridos derechito á ver y escudriñar la herencia que les dejó el difunto". En este breve párrafo nos informa que por lo menos hasta 1891, fecha en que se publican estas impresiones sobre la vida cotidiana en Buenos Aires, existía la costumbre de ofrecer luego del funeral una comida en la casa de los deudos, tema que provocaba mucho interés en ciertos grupos de personas.
Este documento también se lamenta por los cambios en las costumbres ya que en ese fines de siglo XIX ya solo existía la costumbre que la familia y amigos del fallecido simplemente saludaban en la puerta de la iglesia o del cementerio.
En medio de lamentar que ya no se ofrece esa deseada comida los interesados corren rápidamente a la lectura del testamento. Esta nos abre también el deseo de comenzar a cotejar los archivos de diversas escribanías para poder consultar las costumbres funerarias que pueden revelar esos documentos, como ser las donaciones a cofradías o conventos para la celebración de misas de difuntos u otras oraciones y acciones piadosas.
[Consultar el libro de Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 28] 




LEONOR HERMENEGILDA DEL CARMEN DE TEZANOS PINTO Y SEGOVIA.

LEONOR HERMENEGILDA DEL CARMEN DE TEZANOS PINTO Y SEGOVIA. Primera dama. Esposa de José Evaristo Uriburu (1895-1898) Fotos personales toma...