miércoles, 29 de abril de 2026

RICARDO GUTIERREZ. ¡Oh, pasajera muerte en la tierra, cúbreme con una de tus alas!

RICARDO GUTIERREZ. ¡Oh, pasajera muerte en la tierra, cúbreme con una de tus alas!

Fotos personales tomadas el 14 de abril de 2026
Es muy posible que esta escultura intente hacer visible un poema del Doctor Ricardo Gutiérrez (1836-1896) titulado “El Cadáver”. La frase citada al pie de esta escena es la siguiente:
“... ¡Ah, y en mis ojos
no hay más lágrimas!...
¡Oh, pasajera muerte en la tierra,
cúbreme con la sombra de tus alas!
cúbreme con una de tus alas! (Fragmento de El cadáver)"
Es muy posible que la figura femenina central, de la cual irradian los rayos como iluminando toda la escena sea una representación del dolor o la muerte ya no vista como un punto final sino como toda una transición. Las figuras a sus pies pueden simbolizar la solidaridad y la lira seguramente es un símbolo de la vocación de poeta y escritor de este famoso médico.
RECURSO BIOGRÁFICO.
Ricardo Gutiérrez fue el primer especialista en pediatría de nuestro país y uno de los médicos más queridos de la ciudad, porque supo unir a sus profundos conocimientos un gran amor por sus pacientes. Por su extrema sensibilidad, cuando fallecía un niño enfermo pasaba días recluido en su casa quinta de Morón. Supo adelantarse a la medicina psicosomática, considerando que los juguetes en las camas de los niños ayudaban a la cura de los mismos. Oscar A. Vaccarezza escribió que fue un “Hombre de la más pura sensibilidad humana”.
En el año 1866, su amigo Estanislao del Campo le dedicó el poema satírico “Fausto”. Durante una representación de la ópera Faust de Charles Gounod en el viejo Teatro Colón de Buenos Aires, del Campo le improvisó a Gutiérrez algunas rimas sobre lo que estaban presenciando. Fue entonces que le sugirió que hiciera toda la obra con rimas gauchescas. Semanas después el Fausto se editó, convirtiéndose en un suceso comercial. Gutiérrez le había enviado a del Campo una conceptuosa carta que fue incluida en la mencionada edición, en la que expresaba: “Recuerdo que una noche alegre en que yo apreciaba infinidad de ocurrencias criollas que decía usted al vuelo, a propósito de las escenas del Fausto, lo tenté a escribir en estilo gaucho sus impresiones de ese espectáculo”. La carta finalizaba diciendo: “Su Fausto, Anastasio, es pues una obra de poesía envidiable. Me felicito sinceramente de haber prestado motivo a ella y le agradezco de corazón el buen momento que me ha dado con su lectura”.
Ricardo Rojas escribió que “antes de Gutiérrez no existió un poeta como él en la literatura argentina”, y como especialista en pediatría, que “su profesión más absorbente fue el ejercicio de la medicina y el amor con que la ejerció, entre niños dolientes y madres atribuladas (Historia de la Literatura Argentina, 1917-1922)
En el año 1936, al cumplirse el centenario del nacimiento de Gutiérrez, el diputado y escritor socialista Juan Antonio Solari presentó un proyecto de ley proponiendo que el hospital de niños de la calle Gallo se llamara “Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez”, el cual fue aprobado en 1946 al sancionarse la Ley Nº 14.649. La cinematografía argentina lo recordó en la película “La cuna vacía”, en la que se narra la vida y obra de Gutiérrez. Se estrenó en Buenos Aires el 8 de junio de 1949. El guion fue escrito por Florencio Escardó y la interpretación la realizó Ángel Magaña.
Homenajes realizados por publicaciones médicas de la época luego de su fallecimiento: “Homenaje a su memoria”, La Semana Médica, Tomo 3º, año 1896, página DCLXV. “Ricardo Gutiérrez – Retrato”, La Semana Médica, Tomo 3º, año 1896, página DCLXXV.
El poeta
Siendo estudiante de medicina, Gutiérrez publicó en 1860 su primer poema de dos mil versos titulado “La fibra salvaje” (sic) con prólogo de Miguel Cané48, y en 1869 “Lázaro”, fantasía romántica de unos tres mil versos que evoca la pampa y el gaucho. Ambos poemas tuvieron una crítica favorable. Durante la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, decepcionado por esa lucha fratricida, injustificada e incomprensible, Gutiérrez escribió poesías memorables, algunas de ellas muy destacadas, como “La Victoria” y “El Misionero”. En esta poesía Gutiérrez se inspiró en la conducta de su compañero de carpa, el presbítero capellán Tomás O. Canavery, ascendido al grado de teniente coronel sobre el campo de batalla por el general Gelly y Obes. Escribió “La Hermana de Caridad” luego de observar en el Hospital General de Hombres de Buenos Aires una monja que sostenía entre sus manos la cabeza de un paciente negro moribundo.
En el año 1878 dio a conocer un libro subdividido en dos, con una recopilación de poesías: “El libro de las lágrimas”, que contiene, y “El libro de los cantos”, con 12 poesías. En 1916 lo reeditó la editorial “La Cultura Argentina” de Buenos Aires. En 1879, con la colaboración de sus hermanos, fundó el periódico “La Patria Argentina”, especialmente dedicado a la difusión cultural. Al año siguiente publicó en forma de folletín en el citado periódico la novela “Cristian”, exaltación de su romanticismo amoroso que no tuvo buena crítica. En 1891 abandonó las letras para dedicarse totalmente a la pediatría.
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lunes, 13 de abril de 2026

DIONISIO FARÍAS. La cruz lobulada como símbolo trinitario.

DIONISIO FARÍAS. La cruz lobulada como símbolo trinitario.

Fotos personales tomadas el 3 de noviembre de 2024

LA CRUZ LOBULADA.
Todas las cruces colocadas en la parte superior de un monumento funerario pasan a simbolizar el punto de encuentro y contacto entre lo terrenal y celestial. No es solo un elemento decorativo sino que tienen una fuerte carga simbólica ya que obliga a elevar la mirada. En esta arquitectura vemos lo que se denomina una cruz lobulada o, mejor dicho trilobulada que tiene los extremos de sus brazos en forma de trébol lo que el número tres nos lleva a pensar en la Santísima Trinidad cristiana. Es un elemento frecuentemente utilizado por la simbología cristiana. Aquí y en otros elementos arquitectónicos cada lóbulo representa a una de las personas de la Trinidad. Es una de las muchas variedades de la cruz latina.
En el frente de este monumento vemos una placa que en su campo epigráfico dice: "DR. JORGE EDMUNDO GONZÁLEZ FARÍAS. Q.E.P.D. Falleció el 27 de julio de 1972. Extraordinario talento, generosidad y bondad inalterable. Su recuerdo llena siempre de lágrimas los ojos de quienes supieron apreciarlo". Vemos en el campo superior enmarcado en un círculo de eternidad su busto con toda la carga simbólica del misma en a los costados y debajo palmas de laurel y roble unidos por los lazos del afecto. En otra de las placas podemos leer en su campo epigráfico: "AURELIANO GONZÁLEZ TIZÓN. Q.E.P.D. 26-11-1888 +28-6-1973.
Magistral armonía fue
Tu verbo
y cáliz de amor
tu corazón"
En ambas placas aparece la expresión "que en paz descanse" que nos lleva a tomar nota que el concepto de muerte esta envuelto en la idea de un períodos de reposo, descanso y sueño del cual en algún momento se despertará.







viernes, 10 de abril de 2026

GENERAL AMARO LEONCIO ARIAS OTERO-CARLOS TOMÁS SOURIGUES. La arquitectura neo clásica y la democracia.

GENERAL AMARO LEONCIO ARIAS OTERO-CARLOS TOMÁS SOURIGUES. La arquitectura neo clásica y la democracia.

Fotos personales tomadas el 3 de noviembre de 2024
Todos los monumentos funerarios tienen un mensaje para comunicar que solo lo revelan a quienes se toman el tiempo de estudiarlos y escuchar ese mensaje. Esta arquitectura muy neo clásica nos ubica en la perspectiva de la estética que nos remite a la propuesta democrática de la antigua Grecia. En el frontón vemos dentro del tímpano una clepsidra alada que nos induce a tomar en serio el tiempo de nuestra vida. A ambos lados de la puerta vemos pilastras estriadas que culminan con capiteles corintios con las conocidas hojas de acanto que simbolizan el deseo de eternidad. También en los ángulos superiores al costado de esa misma puerta vemos una corona, con el simbolismo de lo circular como propuesta de eternidad hecha de flores de nomeolvides como un compromiso de memoria y los lazos que en general simbolizan amistad o lazos familiares.  





lunes, 6 de abril de 2026

CARLOS CASAVALLE. Librero: Promotor de la cultura argentina.

CARLOS CASAVALLE. Librero: Promotor de la cultura argentina.

Fotos personales tomadas el 3 de noviembre de 2024
Interesante arquitectura neo gótica con una cúpula que nos remite al arquetipo de la cuerva de los tiempos primordiales y que nos habla de otras cúpulas celestiales también protectoras. La forma de la cruz nos aproxima a pensar en el árbol de la vida.
RECURSO BIOGRÁFICO.
Biografía: Nacido en Montevideo en 1826, a temprana edad se trasladó a Buenos Aires, donde estudió con los jesuitas, trabajando simultáneamente como tipógrafo del «Diario de la Tarde» de Pedro Ponce. En 1840 y como consecuencia de la Guerra Grande, retornó a su país para participar en la defensa de Montevideo durante el sitio que le impuso Manuel Oribe.
En su vida profesional pueden distinguirse dos momentos claves. El primero de ellos comienza en 1853, cuando instaló un taller de imprenta en la calle Belgrano entre Bolívar y Perú, de nuestra ciudad. Sus comienzos como editor fueron desfavorables, ya que la Imprenta y Librería de Mayo no se destacó de grupos semejantes, y terminó vendiéndose a Félix Frías y a Luis Domínguez.
Hasta 1857, Casavalle alternó sus actividades entre la regencia del periódico El Orden y el trabajo editorial en un establecimiento de la calle Defensa. A partir de 1853 imprimió los primeros libros aparecidos en la década, entre los cuales figuran Poesías y Rosas y sus opositores de José Rivera Indarte, los primeros volúmenes de la Biblioteca Americana y Rimas de Bartolomé Mitre.
Entre 1854 y 1859 tuvo a su cargo la impresión de la revista El Plata Científico y Literario dirigida por Miguel Navarro Viola. En 1860 se trasladó a Paraná donde se desempeñó como impresor oficial del Gobierno de la Confederación Argentina, separada aún del Estado de Buenos Aires. A partir del 27 de julio dirigió el Boletín Oficial. Esta publicación cubrió el vacío que dejó «El Nacional Argentino», órgano de información general de Paraná, fundado por Juan María Gutiérrez.
La labor de Carlos Casavalle en Entre Ríos contribuyó a difundir el pensamiento y las medidas de gobierno del presidente Urquiza. En la capital provisoria de la Confederación y pese a la precariedad de recursos, sobresalió un grupo de escritores que dieron brillo a la cultura nacional desde las páginas de la Revista del Paraná. La citada obra, dirigida por Vicente Gil Quesada, trataba temas de historia, literatura, legislación y economía política. Si bien su duración fue efímera, esta impresión permitió a Casavalle trazar un rumbo en materia de publicaciones científicas y literarias. Según Martianiano Leguizamón, la Revista del Paraná «...abría la era de los estudios históricos sobre los orígenes y fundación de los pueblos de la República, la descripción física, las costumbres, las crónicas y memorias de la época colonial, la guerra de la independencia y la lucha civil; continuada en épocas posteriores por la Revista de Buenos Aires y la Revista del Río de la Plata, siempre con el mismo editor argentino, el benemérito Carlos Casavalle a quien debe tanto la bibliografía nacional».
La falta de estabilidad en sus negocios por los problemas financieros de la Confederación, la escasez de elementos para el desarrollo de las artes gráficas y la competencia de los editores del Litoral, lo llevaron nuevamente a Buenos Aires en 1861. En este momento se inició la segunda etapa en la vida de Carlos Casavalle, caracterizada por la fundación de la Librería de Mayo en la calle Moreno, frente a la Plaza de Monserrat. Más tarde se trasladó a la calle Perú, en la Manzana de las Luces, donde viviría su período de mayor esplendor, mudándose finalmente a la calle Chacabuco. Cuando se inauguró el Colegio Nacional en 1863, la manzana estaba ocupada por la iglesia de San Ignacio, diversas dependencias públicas -entre ellas el Archivo General-, la Librería de Mayo, la Librería Española de Federico y Teodomiro Real y Prado, almacenes de música, la peluquería del Correo y la Librería del Colegio de Paul Morta. De modo que Casavalle ubicaba su establecimiento en un predio consagrado tradicionalmente y por entero a la cultura.
A diferencia de su primera época editorial, la segunda fue notablemente exitosa. Numerosos escritores argentinos y americanos le confiaban sus obras para imprimir. Si bien la edición de libros extranjeros era un negocio más rentable, Carlos Casavalle la desechó a fin de impulsar las letras nacionales. Puede afirmarse entonces que esta empresa editora cumplió un cometido docente en la evolución cultural del país. El editor cuidaba personalmente desde la presentación del volumen, la tipografía, la calidad del papel y las facilidades de pago, hasta el comentario bibliográfico y la difusión de la obra. Verdaderos modelos tipográficos fueron las impresiones de los libros de Bartolomé Mitre, Juana Manuela Gorriti y Esteban Echeverría. Entre los ejemplares publicados por Carlos Casavalle, se destacaron en este período los de la Historia de los gobernadores de las provincias argentinas de Antonio Zinny, los de la Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López y los de las obras completas de Esteban Echeverría. Juan María Gutiérrez fue su inestimable colaborador en la compilación de varios de los volúmenes editados y en la redacción del Boletín Bibliográfico Sudamericano.
El establecimiento se transformaría con el tiempo, en un centro de convergencia del negocio editorial del continente. Simultáneamente la librería contaba con una gran disponibilidad de obras, al punto que en 1887 alcanzaba a reunir mil ochocientos títulos diferentes de autores americanos y europeos. Como hombre de la cultura, Casavalle se vinculó a la Revista de Buenos Aires (1863-1871), en la cual colaboraron Antonio Zinny, Manuel Ricardo Trelles y Angel Justiniano Carranza; a la Revista del Río de la Plata (1871-1877) en la que participaron Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López y Andrés Lamas; a la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (1879-1882) y a la Nueva Revista de Buenos Aires (1881-1885). Estas publicaciones abordaban temas literarios, históricos y de jurisprudencia.
Paralelamente Carlos Casavalle fue un asiduo concurrente de tertulias y salones, donde se relacionaba con las personalidades argentinas más relevantes de la década del ochenta. En efecto, a partir del salón porteño, Buenos Aires cobró una conformación social peculiar; por él pasaron figuras prominentes, hombres de empresa, políticos, escritores, juristas y militares. Estas reuniones tenían lugar muchas veces en las trastiendas de las librerías, y tanto la Librería del Colegio como la Librería de Mayo no fueron excepciones. El centro de atracción y animador de las tertulias organizadas por Casavalle fue Juan María Gutiérrez, y ellas congregaron a toda la intelectualidad de la época: a los historiadores Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Mariano Pelliza, Andrés Lamas, Antonio Zinny; a los bibliófilos Manuel Ricardo Trelles y Angel Justiniano Carranza; al jurista Dalmacio Vélez Sarfield; a los poetas Rafael Obligado y Olegario V. Andrade y al científico Germán Burmeister, director del vecino Museo de Ciencias Naturales.
El editor, bibliófilo prominente, se convirtió en el hombre de consulta obligado para estos escritores, que solicitaban sus libros, documentos, láminas y periódicos y le llevaban sus proyectos o le ofrecían autógrafos. Hacia 1894 la mejor época editorial de Carlos Casavalle había concluido. Tras la desaparición de la imprenta cerró también la Librería de Mayo. Casavalle murió en Buenos Aires en 1905, legando al Patrimonio Documental de la Nación, una colección de piezas valiosas para el estudio del pasado argentino.

RICARDO GUTIERREZ. ¡Oh, pasajera muerte en la tierra, cúbreme con una de tus alas!

RICARDO GUTIERREZ.  ¡Oh, pasajera muerte en la tierra, cúbreme con una de tus alas! Fotos personales tomadas el 14 de abril de 2026 Es muy p...