lunes, 23 de febrero de 2026

CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano.

CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano.

Es sumamente útil este párrafo de Rafael Calzadillas con su descripción del Cementerio de la Recoleta alrededor del año de 1840. Lo considera un lugar abandonado, despojado aún de monumentos funerarios dignos de tal nombre. Lo mira como un potrero amurallado y por esa razón las familias economicamente pudientes que rechazaran aún entonces la idea de ser sepultados en tal espacio. Es igualmente interesante rescatar las costumbres de morir con el hábito de la cofradía u orden religiosa con la cual se había estado en relación durante su existencia.
RECURSO BIBLIOGRÁFICO.
CAPÍTULO XV.¿En lo que estábamos, preciso es confesarlo, verdaderamente atrasados ​​por aquella época de 1835 á 1840, era en materia de cementerios. Creo que ni siquiera era ese el nombre — paréceme que lo llamaban “Campo-Santo”. Los había generales y aun especiales; pues los conventos y monasterios tenían el suyo para su respectiva orden, comunidad ó congregación. Se enterraba aun en los templos, desde el átrio hasta el altar mayor; y lo extraño mismo en el piso que en sus paredes por el interior, según categoría religiosa o civil; así como según la devoción ó cofradía á que perteneciera el difunto, se le endosaba de mortaja el hábito de uno ú otro seráfico San Francisco y Santo Domingo; comprándolo en los respectivos conventos, se le hacia bendecir, y hete ahí enfrailado á uno después de muerto.
Los obispos, grandes prelados, dignidades eclesiásticas, párrocos de nombradía por su ciencia y virtudes, iban á parar al pié de los altares mayores. Los síndicos y personas civiles de mucha nombradía, por sus servicios al cultó ó por su austera religiosidad, alcanzaban la sepultura en los presbiterios. — En muchas iglesias se ven todavía lápidas sepulcrales, ya en el piso, ya en las paredes.
No negaré que estas costumbres respondieran á sentimientos piadosos, y fueron tendentes á despertar emulación religiosa en los fieles; pero condenada por la higiene, como lo están actualmente, pues se convertían nuestros templos en focos de infección, y de efluvios deletéreos eliminados, estando por una parte destinada a la congregación de grandes masas precisamente por su objeto, inspiraban, por otra parte, casi el mismo sentimiento de pavor que los campo-santos
Habíamos heredado de nuestros mayores, con la religión católica, estas costumbres, y creyéndolas inherentes á ésta, nadie hacia alto en los tumbas inconvenientes que física y moralmente comportaban aun en esa época tan alejada ya de la era revolucionaria de Mayo.
El campo-santo de la ciudad había sido establecido en un terreno valdío, especie de potrero amurallado, y contiguo al magnífico convento de la Recoleta, que, cuando se suprimieron las órdenes religiosas, fue erigido en la iglesia parroquial del Pilar.
Abrir una zanja, arrojar dentro de ella el cajón mortuorio, cubrirlo á pisón nuevamente con la tierra extraida hasta el nivel de la superficie, dejando al lado el sobrante, coloque á la cabeza una cruz de madera y mortus est qui non respirat /
No había ningún monumento, ¿qué digo! ni sepulcro notable habia allí. Era aquello una desolación, y terrorífica la impresión que producía su aspecto. Así, era dolorosísima la sensación producida por su aspecto, y desconsolaba profundamente pensar que á tan abandonada mansión, tenian que venir á parar los más privilegiados seres de nuestra afección.
Nada extraño es, y por el contrario, mucho explica esto, el que las personas pudientes ó de buenas y altas relaciones, se apresuraran con tiempo en adquirir el derecho por algún medio piadoso ó pecuniario, de ser sepultados siquiera fuera en el atrio de una iglesia.
Mis abuelos paternos fallecieron el año 39 (lo Dejo consignado aquí para que la posteridad no tenga que andar dándose de calabazadas, con la frente en las paredes del Cementerio, por averiguar cuando murieron los autores del célebre autor de “ Las Beldades de mi tiempo " — quien perdió á su abuelo el 7 de julio, y 70 días después, el 17 de Setiembre de 1839, su cariñosa abuelita).
¿De qué murió? me dirán las señoras con quienes lo hablo. De tristeza! de pena!
Habían vivido estos cónyuges 57 años de una existencia íntima, sin preguntas, sin disidencias de ningún género. Era demasiado para la esposa perder á tan avanzada edad el compañero inseparable de su vida. Se afectó profundamente — no podía olvidar. Cuando se vio sola fue atacada dé ictericia y... se la llevó! Espongo estas reminiscencias naturalmente, sin pretensión; pero cediendo á mis instintos, porque soy de la raza de los querendones; Pido excusa porque tal vez escandalizo por aquello de que el que lo hereda no lo hurta.
¡Y no lo creerán algunos! pienso morir en mi ley, gustándome todas las que veo[1]

[1] Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 163 a 165





domingo, 22 de febrero de 2026

LOS CIRIOS Y VELAS EN EL LENGUAJE SIMBÓLICO FUNERARIO.

LOS CIRIOS Y VELAS EN EL LENGUAJE SIMBÓLICO FUNERARIO.

Fotos personales tomadas el 19 de junio de 2025
La luz de los cirios, fuente de la iluminación física o espiritual, todas las llamas de las antorchas verticales o invertidas y de las velas más simples desempeñan un lugar importante en la simbología funeraria.
Todo cirio y toda vela simboliza una presencia: la de Cristo que es según las Escrituras la luz del mundo. En el Evangelio de Juan 18, 2 podemos leer: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. En línea con esta afirmación y justamente para señalar esta presencia que en la liturgia cristiana, aún en los tiempos de la electricidad se sigue encendiendo en los altares de diversas confesiones cristianas se encienden cirios y velas, ya no por una necesidad sino por su fuerza en simbolizar.
Esta lenguaje se nutre de diversos relatos bíblicos para enriquecer sus múltiples significados. Del relato de las Vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas, nace uno de estos significado de cirios y velas como símbolo de la vigilia y espera cristiana, muy adecuado para el lenguaje funerario: En el Evangelio de Mateo 25, 1.13 donde ser relata esta parábola se cuenta la necesidad de estar preparados para una espera de un retorno que se demora y por ello cada cristiano tiene que estar provisto de suficientes y necesarios recursos que alimente esa iluminación que le permite superar el tiempo de espera.
Es útil y necesario relacionar en el vocabulario simbólico de esta luz de vigilia con el significado de cementerio como espacio justamente de esa espera muy distante de toda relación con lo mortal. [1]

[1] CHEVALLIER, Jean, bajo la dirección y GHEERBRANT, Alain, colaboración. “Diccionario de los Símbolos”. Herder Editorial S.A. Barcelona. 2007. Página 463 





SEVERINC. Aproximación a las costumbres funerarias en Buenos Aires a fines siglo XIX.

SEVERINC. Aproximación a las costumbres funerarias en Buenos Aires a fines siglo XIX.

Fotos personales tomadas el 26 de octubre de 2025
El conocido libre escrito por Santiago de Calzadilla que se titula "Las Beldades de mi tiempo" puede ser una simpática fuente informativa sobre las costumbres funerarias. De hecho he encontrado el siguiente párrafo que dice: "Es verdad que también es cuestión de temperamento, como decía Tartas, el asiduo asistente á todos los funerales que terminaron acompañando á los doloridos á la casa, y que los obsequiaban con sabrosas jícaras de verdadero chocolate, ofrecido con marcadas muestras de agradecimiento. En aquel entonces no se almorzaba de tenedor como ahora, en que se hace una verdadera comida, y el obsequio de los funerales, era un aliciente para no faltará á la cita, (los más.) Ahora, todo ha cambiado, y ya no hay atención ninguna con el que se molesta dejando sus ocupaciones mas premiosas y se contentan con solo poner estos sacramentales palabras: ¡el duelo se despedirá en la puerta del templo ! / Única invitación /. . . de invención moderna, fruto de la época de las luces y de las cruces, con lo que todo termina y se van los doloridos derechito á ver y escudriñar la herencia que les dejó el difunto". En este breve párrafo nos informa que por lo menos hasta 1891, fecha en que se publican estas impresiones sobre la vida cotidiana en Buenos Aires, existía la costumbre de ofrecer luego del funeral una comida en la casa de los deudos, tema que provocaba mucho interés en ciertos grupos de personas.
Este documento también se lamenta por los cambios en las costumbres ya que en ese fines de siglo XIX ya solo existía la costumbre que la familia y amigos del fallecido simplemente saludaban en la puerta de la iglesia o del cementerio.
En medio de lamentar que ya no se ofrece esa deseada comida los interesados corren rápidamente a la lectura del testamento. Esta nos abre también el deseo de comenzar a cotejar los archivos de diversas escribanías para poder consultar las costumbres funerarias que pueden revelar esos documentos, como ser las donaciones a cofradías o conventos para la celebración de misas de difuntos u otras oraciones y acciones piadosas.
[Consultar el libro de Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 28] 




PEUSER. Las revelaciones indiscretas de los testamentos.

PEUSER. Las revelaciones indiscretas de los testamentos.

Fotos personales tomadas el 23 de abril de 2022
Los testamentos, aún los hechos en Argentina, son una fuente de información de primer nivel para conocer lo que ocurría alrededor del fallecimiento de una persona. En este fragmento del libro de Rafael Calzadillas podemos descubrir elementos que nos permitirían construir una geografía urbana de la ciudad de Buenos Aires a mediados del siglo XIX y de prácticas piadosas que registran la última voluntad de algunos ciudadanos. En este párrafo vemos la existencia de la Cofradía del Santísimo Rosario, de un hospital de mujeres y otro de hombres. Donación para la Santa Casa de Ejercicios fundada por santa María Antonia de Paz Figueroa (1730-1799), llamada en forma cotidiana Mamá Antula, la primer santa argentina. Aparentemente también había una cofradía en esa casa. Esta información nos la brinda este texto:” También se encontraba aquí la gran casa de la Sra. Da Juana Cazón, casada con D. Joaquín Almeida Portugués (alias, maneta.) Vivía y murió en la casa de su propiedad calle del Perú esquina á Belgrano, que era conocida por de la vireina vieja, y hoy está en ella el Monte de Piedad. Alabama morir el año de 1848, dejó esa casa á la administración de la Cofradía del Smo. Rosario, para que de sus alquileres se hicieron cuatro partes, una para el hospital de mujeres, otro para los hombres: otra para la Santa Casa de Ejercicios, y la última para que la misma Cofradía costeara la misa de Una todos los domingos y días de fiesta en Santo' Domingo, y además una función anual al Patriarca San José. Lo que se ha estado cumpliendo por sus Mayordomos, y se cumple actualmente como el primer día[1]”. Parte de las donaciones están destinadas a la celebración de misas para rogar por el descanso de su alma en la Basílica de Santo Domingo.
[1] Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 30 





MARIQUITA SANCHEZ DE THOMPSON. Los preparativos de un casamiento a mediados del siglo XIX.

MARIQUITA SANCHEZ DE THOMPSON. Los preparativos de un casamiento a mediados del siglo XIX.

Fotos personales tomadas el 15 de octubre de 2018 y el 3 noviembre de 2024
Es interesante como este fragmento del libro de Rafael Calzadillas nos introduce en el mundo de las costumbres matrimoniales, la forma de comprender la diversidad religiosa y la descripción de una geografía histórica urbana muy detallada. La condición religiosa del inglés elegido por el corazón se la pone bajo el título tanto de hereje como de judío como sinónimos y el temor que la novia por el solo hecho de casarse con un protestante, posiblemente anglicano, se fuera directo al infierno. Este breve texto es toda una revelación sobre la mentalidad religiosa de la primera mitad del siglo XIX en Buenos Aires.
También resalta el hecho que la curia católica le concede dispensa o posiblemente le obligo a convertirse como para eliminar ese obstáculo en el casamiento que finalmente se logra. También vemos que aún las casas de familias económicamente acomodadas no tenían agua corriente
“…tenian igualmente el inconveniente de qué ni jota entendían de lo que les decían, pero como el amor es tan socorrido y tiene tantas arterias, al fin llegaron á entenderse con ellas; No con las mamas que los tenían por herejes, que se iban á condenar, y por esto no podían casarse con las criollas que eran católicas y apostólicas romanos
Sin embargo, hubo entre ellos uno más diablo que los otros, que se dejaron de andar por las ramas y se fue al tronco. Lo nombraré, porque el caso es uno de los más aplaudidos de aquel tiempo inolvidable en que al pan le llamaban pan, y al vino, vino; y de que me acuerdo como si fuera ahora mismo.
Fue este héroe señor Jonh Tompson, el primer marido (porque en segundas nupcias casado con Sr. Mandeville, francés) de la espiritual señorita doña María Sánchez, casamiento á que se oponían sus padres por achaques de religión, pues siendo el inglés judio se iría al infierno la niña.
Pero el inglés que no era lerdo, parodiando al duque de Buckingham con Ana de Austria, se entendió con el aguatero de la casa, pues, como es sabido, en esos tiempos, no había aguas corrientes, ni pestes; y tomando su traje y pintándose la cara de sucio, para que la mamá (todas las criadas, como sucede, estaban en el secreto) no lo conociera, entraba á la casa á distribuir y llenar el baño para su Dulcinea, que lo esperaba con cariñoso anhelo, á recoger una miradita ni siquiera, del rubio inglés, y darle un pellizco de esos que daban entonces á manera de cariñarse, como para anunciarles que no se desmandaran diciéndoles algo que diera al traste con el recurso inventado. ¡¡Y dicen que ahora las gentes son tan vivas y ¡tan diablas!
Pero al impedimento, vino la corte romana, que le sacó al inglés unos buenos pesos para misas; y lo dispensó de irse al infierno, abriéndole las puertas del cielo, concediéndole la mano de la brillante porteña que revivió por partida doble también, al inglés y á los pesos, regalándole una manzana de casas, esquina de Florida y Cuyo, al norte; y de Cangallo y San Martín, al sud— á los cuatro vientos del cuadrante. La prenda merecía esto y mucho más. ¡Qué ejemplo para nuestro actual generación, en que tan cambiados están los roles![1]”. Se transcribe el texto de acuerdo a la ortografía original que he evitado corregir como testimonio de lo fluctuante que son las reglas gramaticales.
El nombre completo de esta señora era María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo

[1] Rafael Calzadillas: "Las Beldades de mi tiempo". Imprenta Jacobo Peuser. Rosario. 1891. página 40 y 41 






CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano.

CEMENTERIO DEL NORTE O RECOLETA. Testimonio de primera mano. Es sumamente útil este párrafo de Rafael Calzadillas con su descripción del Cem...