viernes, 13 de marzo de 2026

AURELIA VÉLEZ SARSFIELD. Una mujer que vale por si misma. [Segundo aporte]

AURELIA VÉLEZ SARSFIELD. Una mujer que vale por si misma. [Segundo aporte]

Fotos personales de los senderos del Cementerio de la  Recoleta donde en algún lugar descansas los restos de esta gran mujer. Fotos tomadas el 2 de abril de 2022.

13 DE MARZO 2026. MES DEDICADO A RECUPERAR Y PROMOVER LA MEMORIA DE MUJERES MERITORIAS CUYO TESTIMONIO SE CUSTODIA EN ESTE CEMENTERIO. DÉCIMA TERCERA biografía

La importancia de la vida y acción de esta gran mujer merece que volvamos sobre ella porque no podemos agotar sus logros en un solo aporte. Ella no es significativa porque sea la esposa, viuda o amante de un distinguido varón. No es propiedad de nadie. Es profundamente libre y provocativa. Tiene la valentía de enfrentar los estrechos limites de la mentalidad pacata de la sociedad de su tiempo. Es un modelo de mujer plena y consciente de su valor. Comparto dos fragmentos de cartas, una de Sarmiento que la valora como mujer y le pide que sea ella la que sea la hacedora de su candidatura a la presidencia de la nación. Es posiblemente el único caso en que una mujer construye una candidatura de ese nivel. El siguiente fragmento, en ese relato podemos escuchar la voz de una mujer apasionado y profundamente honestas. Su voz suena en esas palabras con una claridad que despierta toda nuestra admiración.

RECURSO BIOGRÁFICO.

Aurelia Vélez y Sarmiento

Un tiempo después Aurelia comenzó a mantener una intermitente relación de amante, amiga y colaboradora poética con Sarmiento. En abril de 1864, el sanjuanino le escribía a Aurelia desde los Estados Unidos: “Quisiera que ocupase su inteligencia ayudándome en la obra piadosa de tener despierto a San Juan. Acometa la empresa y escriba con el abandono con que me escribe a mí: ése es el grande estilo. Ponga en ello interés más serio que el que aparece a primera vista. [...] Necesito que usted me ayude y deje de desestimarse a sí misma condenándose a la inacción. Qué diablo. No es usted ni viuda, ni casada, ni soltera, sea algo: viva del espíritu, como tantas mujeres ilustres, asóciese a alguna idea. Téngalos en San Juan al corriente de lo que suceda y de lo que usted siente. Fírmese lo que quiera. En tiempo de Rosas hubo una correspondencia de Buenos Aires que todo lo sabía y nadie descubrió al autor y era un inglés. [...] Andan en busca de una biografía mía, que nadie se atreve a escribir. Después de mi sólo Aurelia pudiera escribirla, sencilla, util, sentida [...]”

Por aquellos días Aurelia se había mudado a una quinta en Almagro para colaborar con su padre en la redacción del Código Civil junto a Eduardo Diaz de Vivar y al joven estudiante de derecho Victorino de la Plaza. Trabajó muy intensamente sin olvidarse del encargo de su amante y oportunamente propuso su nombre como candidato a suceder en la presidencia a Bartolomé Mitre.

También se hacía tiempo para escribir cartas como ésta, destinada al padre del aula: “Te amo con todas las timideces de una niña, y con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creí que era posible amar

Aurelia y el final de Sarmiento

En los últimos meses de su vida Sarmiento le pidió a Aurelia Vélez que fuese Paraguay a vivir con él: “Dijome usted que vendrà de buena gana al Paraguay; creilo con placer aunque no fuese más que como las promesas de las madres, o de los que cuidan enfermos, decir que si cuando alguna vislumbre de alegría pasa por aquellas cabezas. ¿Por qué no estimar aquella piadosas mentiras que hacen surgir un mundo de ilusiones y alientan al que harto sabe que nada hay de regalo en el sonido, sino en la armonía, unas veces, oído sordo de la lisonja que consiste en hacer creer que somos dignos de tanta molestia? [...] Bien me dijo de venir, venga pues al Paraguay. Qué falta le hace treinta días para consagrárselo a un dolor reumático, cinco a la jaqueca, algunos a algún negocio útil y muchos momentos a contemplar que la vida puede ser mejor? Venga, juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida”

Aurelia viajó al Paraguay y lo acompañó durante algún tiempo, pero tuvo que viajar a Buenos Aires a principios de septiembre. Sarmiento murió el día 11 de ese mes de 1888. Varios años después de la muerte de su amado, estando en Paris, Aurelia escribirá: “Acabo de recibir por correo varios ejemplares de La Nación. Después de mucho tiempo vuelvo a ver su nombre en letras de molde y estoy llorando. El titular dice: «En el Paseo de la Palermo se inauguró la estatua de Domingo Faustino Sarmiento». Se me congela el alma. Dios mío, no puedo imaginarlo convertido en bronce... Se habría reído a carcajadas de saber que su monumento lo iban a levantar exactamente en el lugar donde antes estuvieron las habitaciones de Rosas. «Por la eternidad mi mole sobre la cama del Tirano», hubiera ironizado. Me parece justo que por fin reconozcan la dimensión de sus aportes al país. Me alegra que lo recuerden, pero a mí no me va a gustar ver su figura tiesa convertida en bronce. Porque ese hombre fue mi hombre. Yo lo abracé y lo besé. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y él la sostuvo con esas manos enormes y fuertes. Compartí sus incertidumbres y sus angustias. Lo vi dudar y alegrarse. Tuvimos miedo y muchas veces lloramos juntos. Y ahora quedará hecho estatua en medio de esos árboles de los que tantas veces me habló y que yo misma lo vi plantar. Dentro de algunos años, cuando yo ya no esté, él permanecerá ahí, quieto, helado. De vez en cuando le llevarán flores y leerán discursos junto a su pedestal. Pero nadie podrá recordar el calor de sus brazos, la intensidad de su mirada, la ternura de sus palabras”. [1]

[1] Pigna, Felipe: “Mujer tenía que ser. Historia de mujeres desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2011. Página 249 y páginas 284-285 






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