ORIGENES DE LA SIMBOLOGÍA CRISTIANA FUNERARIA. [Texto 2]
Con el objetivo de conocer la compleja y rica simbología cristiana tenemos que tener mínimos conocimientos de las Escrituras porque debajo de muchos símbolos subyacen textos bíblicos que explican su iconografía. Los símbolos y alegorías se nutren de relatos tomados tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y desde allí despliegan ante nuestra mirada y comprensión un abanico casi inagotable de referencias.
Por ejemplo la leche pasará a simbolizar el alimento de la misma fe, mientras que la luna en contraposición al sol simbolizará el mundo de las tinieblas y por ello muchas veces la vemos vencida a los pies de la Inmaculada Concepción, acompañada por una serpiente que simboliza el mundo pagano. El cerdo siguiendo textos del Antiguo Testamento es símbolo de impureza, la araña la maldad y la astucia, la manzana protagonista de la escena relatada en el libro del Génesis representa el pecado original. Una perla de gran precio simboliza la verdadera fe y doctrina. Las ovejas representa desde los tiempos paleocristianos a los verdaderos fieles pero también un cordero representa a Cristo mismo. Los fieles también pueden ser representados por pequeños peces junto a redes con las que se asocia la predicación y el hacer discípulo como mandato que emana de Jesucristo.
Los primeros escritores cristianos, denominados bajo el título general de Padres de la Iglesia nutren con sus obras el repertorio de símbolos y alegorías tomadas tanto de las Escrituras como del mundo pagano. Utilizando el método de analogía la sucesión del día y la noche al igual que el proceso de la semilla que cae en tierra simbolizará el proceso de la resurrección.
Existe una consistente bibliografía para fundamentar la simbología cristiana. Por un lado el libro titulado “El Fisiologo”, escrito en griego aproximadamente en el siglo II y traducido al latín rápidamente dando origen a una literatura compleja de bestiarios donde animales tomados de la naturaleza o de la fantasía aportaban una mirada netamente moralizante y muy lejos de una observación científica. No podemos olvidar en esta enumeración la obra de san Isidoro de Sevilla que en sus “Etimologías” nos ofrece otra fuente valiosa para comprender símbolos y alegorías cristianas.
La liturgia es otra fuente importante de simbología. La posición de las manos tendrán un significado específico según su posición: las manos y brazos en alto será el primer símbolo de la oración para luego ser representada por las manos con las palmas unidas. La eucaristía será representada tanto por la espiga de trigo como por el caliz. La velas, antorchas y lámparas encendidas son siempre símbolos de una presencia trascendente al igual que la iluminación tanto de la fe como de la sabiduría. Las columnas de huma que nacen del incienso quemado representan, siguiendo textos tomados del libro de los Salmos, la oración que se eleva de las fieles.
La primeras iglesias cristianas construidas luego de la legalización de la iglesia toman como ejemplo no a los templos paganos para evitar evocar cualquier sentimiento opuesto a la nueva fe sino un edificio que tenía funciones jurídicas o comerciales como eran las basílicas romanas. Junto al edificio se toman también todos los gestos que se realizaban frente a los magistrados: inclinaciones, ponerse de rodillas, vestimentas. De hecho el altar ocupa el espacio en que anteriormente ocupaban el poder político para simbolizar la nueva soberanía divina. Los escalones por los cuales se asciende al espacio ocupado por ese altar ubicado en el lugar del antiguo trono pasarán a simbolizar un ascenso físico pero también espiritual y las virtudes y pureza necesarias como para tener dignidad de acercarse a ese espacio sumamente sagrado. La arquitectura funeraria de todos los tiempos va a heredar muchos de estos símbolos.[1]



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