JUAN M. COLL: LOS RITOS FUNERARIOS Y EL PÀTRIMONIO FUNERARIO.
Fotos personales tomadas el 26 de octubre 2025
Es difícil negar que el patrimonio funerario forma parte de aquello que denominamos ritos y liturgias funerarias. Si entendemos por ritos esas ceremonias y conductas que una cultura o sociedad han determinado en forma posiblemente estereotipada, codificadas y claramente institucionalizadas mentalmente, podemos comprender que el patrimonio funerario forma parte de ese núcleo de símbolos y de actitudes mentales. Cada elemento de ese patrimonio se constituye y construye en ese contexto mental.
Esos ritos funerarios del cual forma parte y es expresión el patrimonio funerario refleja en forma consciente o inconsciente esos sentimientos profundos frente al mundo de creencias sobre la muerte, el mundo de lo que se denomina el más allá y los valores asignados a la dimensión trascendente al mundo actual. [1]
Tenemos que considerar que este patrimonio tiene una doble dimensión. Por un lado tiene el objeto de ser un memorial y un homenaje a los difuntos pero no podemos negar que también tienen como objetivo se de consuelo para los sobrevivientes y en cierto manera apaciguar los temores que la humanidad desde los más remotos tiempos ha sentido tanto frente a los difuntos como a la muerte misma. Esa doble dimensión tiene que formar parte integral en la comprensión, estudio y análisis del patrimonio funerario.
Los cementerios son una clara expresión de esa mentalidad. Más allá de las razones de higiene que acompañan a ese espacio desde hace pocos siglos, tenemos que analizar los rituales y el patrimonio funerario como la necesidad de marcar una distancia tanto con los cuerpos de los difuntos como de la muerte como sentimiento.
Detrás y debajo de estos rituales y de este patrimonio existe un mundo simbólico y un lenguaje que intenta calmar los temores y dolor frente a las ausencias de seres queridos y aún de la propia muerte que aparece en el horizonte temporal. El gesto de sepultar los cadáveres y todo el lenguaje ritual comprende la idea de un retorno a la madre tierra. La cremación encierra la idea de la purificación y el facilitar el paso de una dimensión terrenal a una celestial donde las columnas de humo ayudan a elevar la mirada de los dolientes hacia el cielo.
Es interesante estudiar la mentalidad cristiana con relación a las reliquias de los santos y mártires como para comprender la forma en que se extendió ese sentimiento a todo el patrimonio funerario. El deseo de ser sepultado junto a seres queridos o en determinados lugares considerados significativos mueve sentimientos aproximados a aquel deseo de ser sepultado en la proximidad de una persona con una fuerte carga mental de santidad. En todo el patrimonio funerario contemporáneo subsisten constantes que podemos considerar casi universales.
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