jueves, 12 de febrero de 2026

JUAN M. COLL Y ELENA DE LA SERNA. LA MUERTE COMO OBJETO DE ESTUDIO HISTÓRICO.

JUAN M. COLL Y ELENA DE LA SERNA. LA MUERTE COMO OBJETO DE ESTUDIO HISTÓRICO.

Fotos personales tomadas el 26 de octubre 2025
El patrimonio funerario es un espejo que nos muestra la muerte como una estructura mental que representa procesos de transición social o espiritual que define o refleja la vida cotidiana en el corto y largo proceso histórico de una sociedad o refleja. Los estudios actuales que son muy numerosos nos revelan que la muerte no es comprendida por las diversas sociedades como algo estático sino que ponen en contraste tanto lo que se denomina muerte domesticada, es decir social o comunitaria y la muerte individual o personal que siempre es más dramática.
En la Edad Media los libros que asesoraban sobre los rituales para morir en forma adecuada (Ars Moriendi) y los diversos rituales litúrgicos que acompañaban la agonía y muerte se construían como una estructura mental comunitaria que ordenaban el rito de pasaje y transformaban el miedo en esperanza e intentaban asegurar esa memoria que lucha contra el olvido. Hoy esas estructuras han casi desaparecido o son ignoradas o innecesarias. La decadencia del patrimonio funerario actual en todas sus dimensiones son testigos de este cambio mental.
En lo que se denomina la muerte domesticada ella era aceptada como un acontecimiento público, participativo y amplio. Los funerales ciertas personalidades tanto políticas como culturas en Argentina eran acontecimientos que convocaban multitudes. Hoy esas muertes han pasado a formar parte del ámbito familiar más íntimo. Muchas de las primeras fotografías retratan a muchas personalidades en su lecho de muerte como un recurso de participación comunitaria y pública. El fallecimiento se consideraba como un rito social, abierto y convocante. Gran parte de la sociedad, más allá de los límites familiares, se sentían compelidos a participar. Hoy ocurre exactamente lo contrario.
En la actualidad casi ya no se menciona el purgatorio que la mentalidad religiosa hasta principios del siglo XX formaba parte del paisaje devocional. Ese recurso teológico que nace en el siglo XII como una dimensión destinada a una purificación intermedia entre el infierno tan temido y el cielo tan deseado. Es un recurso al cual se confía en llegar a través de limosnas personales en vida y las plegarias de otros cuando ya se está en el más allá. La s imágenes y vitrales de la advocación de Nuestra Señora del Monte Carmelo ofreciendo su escapulario con la promesas que los devotos que murieran llevándolo serían liberados por la intercesión de esta Virgen y las oraciones de diversas cofradías de las penas del purgatorio para elevarse al cielo el primer sábado posterior al fallecimiento de su portador. [1]
En el frente del monumento funerario cuyo titular es JUAN COLL vemos en la parte superior una figura femenina apoyada firmemente en una cruz en estilo grutesco. Posiblemente por su posición podamos pensar que es la alegoría de la virtud teologal denominada esperanza o fe. Debajo en un frontón lobulado con una palmeta como acrótera vemos en el tímpano una palmas de gloria invertidas unidas por lazos que presumiblemente simbolizan amistad o unidad familiar. Sobre la cartela con los nombres de los titulares flores y semillas de amapolas que simbolizan el sueño con el que se asimila a la muerte.

[1] Hein, Germaine Velvet. La muerte en la Edad Media [2021; estudio historiográfico y cultural que sistematiza la evolución de las actitudes, ritos y representaciones del fin de la vida en el medievo]. 




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