lunes, 6 de abril de 2026

CARLOS CASAVALLE. Librero: Promotor de la cultura argentina.

CARLOS CASAVALLE. Librero: Promotor de la cultura argentina.

Fotos personales tomadas el 3 de noviembre de 2024
Interesante arquitectura neo gótica con una cúpula que nos remite al arquetipo de la cuerva de los tiempos primordiales y que nos habla de otras cúpulas celestiales también protectoras. La forma de la cruz nos aproxima a pensar en el árbol de la vida.
RECURSO BIOGRÁFICO.
Biografía: Nacido en Montevideo en 1826, a temprana edad se trasladó a Buenos Aires, donde estudió con los jesuitas, trabajando simultáneamente como tipógrafo del «Diario de la Tarde» de Pedro Ponce. En 1840 y como consecuencia de la Guerra Grande, retornó a su país para participar en la defensa de Montevideo durante el sitio que le impuso Manuel Oribe.
En su vida profesional pueden distinguirse dos momentos claves. El primero de ellos comienza en 1853, cuando instaló un taller de imprenta en la calle Belgrano entre Bolívar y Perú, de nuestra ciudad. Sus comienzos como editor fueron desfavorables, ya que la Imprenta y Librería de Mayo no se destacó de grupos semejantes, y terminó vendiéndose a Félix Frías y a Luis Domínguez.
Hasta 1857, Casavalle alternó sus actividades entre la regencia del periódico El Orden y el trabajo editorial en un establecimiento de la calle Defensa. A partir de 1853 imprimió los primeros libros aparecidos en la década, entre los cuales figuran Poesías y Rosas y sus opositores de José Rivera Indarte, los primeros volúmenes de la Biblioteca Americana y Rimas de Bartolomé Mitre.
Entre 1854 y 1859 tuvo a su cargo la impresión de la revista El Plata Científico y Literario dirigida por Miguel Navarro Viola. En 1860 se trasladó a Paraná donde se desempeñó como impresor oficial del Gobierno de la Confederación Argentina, separada aún del Estado de Buenos Aires. A partir del 27 de julio dirigió el Boletín Oficial. Esta publicación cubrió el vacío que dejó «El Nacional Argentino», órgano de información general de Paraná, fundado por Juan María Gutiérrez.
La labor de Carlos Casavalle en Entre Ríos contribuyó a difundir el pensamiento y las medidas de gobierno del presidente Urquiza. En la capital provisoria de la Confederación y pese a la precariedad de recursos, sobresalió un grupo de escritores que dieron brillo a la cultura nacional desde las páginas de la Revista del Paraná. La citada obra, dirigida por Vicente Gil Quesada, trataba temas de historia, literatura, legislación y economía política. Si bien su duración fue efímera, esta impresión permitió a Casavalle trazar un rumbo en materia de publicaciones científicas y literarias. Según Martianiano Leguizamón, la Revista del Paraná «...abría la era de los estudios históricos sobre los orígenes y fundación de los pueblos de la República, la descripción física, las costumbres, las crónicas y memorias de la época colonial, la guerra de la independencia y la lucha civil; continuada en épocas posteriores por la Revista de Buenos Aires y la Revista del Río de la Plata, siempre con el mismo editor argentino, el benemérito Carlos Casavalle a quien debe tanto la bibliografía nacional».
La falta de estabilidad en sus negocios por los problemas financieros de la Confederación, la escasez de elementos para el desarrollo de las artes gráficas y la competencia de los editores del Litoral, lo llevaron nuevamente a Buenos Aires en 1861. En este momento se inició la segunda etapa en la vida de Carlos Casavalle, caracterizada por la fundación de la Librería de Mayo en la calle Moreno, frente a la Plaza de Monserrat. Más tarde se trasladó a la calle Perú, en la Manzana de las Luces, donde viviría su período de mayor esplendor, mudándose finalmente a la calle Chacabuco. Cuando se inauguró el Colegio Nacional en 1863, la manzana estaba ocupada por la iglesia de San Ignacio, diversas dependencias públicas -entre ellas el Archivo General-, la Librería de Mayo, la Librería Española de Federico y Teodomiro Real y Prado, almacenes de música, la peluquería del Correo y la Librería del Colegio de Paul Morta. De modo que Casavalle ubicaba su establecimiento en un predio consagrado tradicionalmente y por entero a la cultura.
A diferencia de su primera época editorial, la segunda fue notablemente exitosa. Numerosos escritores argentinos y americanos le confiaban sus obras para imprimir. Si bien la edición de libros extranjeros era un negocio más rentable, Carlos Casavalle la desechó a fin de impulsar las letras nacionales. Puede afirmarse entonces que esta empresa editora cumplió un cometido docente en la evolución cultural del país. El editor cuidaba personalmente desde la presentación del volumen, la tipografía, la calidad del papel y las facilidades de pago, hasta el comentario bibliográfico y la difusión de la obra. Verdaderos modelos tipográficos fueron las impresiones de los libros de Bartolomé Mitre, Juana Manuela Gorriti y Esteban Echeverría. Entre los ejemplares publicados por Carlos Casavalle, se destacaron en este período los de la Historia de los gobernadores de las provincias argentinas de Antonio Zinny, los de la Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López y los de las obras completas de Esteban Echeverría. Juan María Gutiérrez fue su inestimable colaborador en la compilación de varios de los volúmenes editados y en la redacción del Boletín Bibliográfico Sudamericano.
El establecimiento se transformaría con el tiempo, en un centro de convergencia del negocio editorial del continente. Simultáneamente la librería contaba con una gran disponibilidad de obras, al punto que en 1887 alcanzaba a reunir mil ochocientos títulos diferentes de autores americanos y europeos. Como hombre de la cultura, Casavalle se vinculó a la Revista de Buenos Aires (1863-1871), en la cual colaboraron Antonio Zinny, Manuel Ricardo Trelles y Angel Justiniano Carranza; a la Revista del Río de la Plata (1871-1877) en la que participaron Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López y Andrés Lamas; a la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (1879-1882) y a la Nueva Revista de Buenos Aires (1881-1885). Estas publicaciones abordaban temas literarios, históricos y de jurisprudencia.
Paralelamente Carlos Casavalle fue un asiduo concurrente de tertulias y salones, donde se relacionaba con las personalidades argentinas más relevantes de la década del ochenta. En efecto, a partir del salón porteño, Buenos Aires cobró una conformación social peculiar; por él pasaron figuras prominentes, hombres de empresa, políticos, escritores, juristas y militares. Estas reuniones tenían lugar muchas veces en las trastiendas de las librerías, y tanto la Librería del Colegio como la Librería de Mayo no fueron excepciones. El centro de atracción y animador de las tertulias organizadas por Casavalle fue Juan María Gutiérrez, y ellas congregaron a toda la intelectualidad de la época: a los historiadores Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Mariano Pelliza, Andrés Lamas, Antonio Zinny; a los bibliófilos Manuel Ricardo Trelles y Angel Justiniano Carranza; al jurista Dalmacio Vélez Sarfield; a los poetas Rafael Obligado y Olegario V. Andrade y al científico Germán Burmeister, director del vecino Museo de Ciencias Naturales.
El editor, bibliófilo prominente, se convirtió en el hombre de consulta obligado para estos escritores, que solicitaban sus libros, documentos, láminas y periódicos y le llevaban sus proyectos o le ofrecían autógrafos. Hacia 1894 la mejor época editorial de Carlos Casavalle había concluido. Tras la desaparición de la imprenta cerró también la Librería de Mayo. Casavalle murió en Buenos Aires en 1905, legando al Patrimonio Documental de la Nación, una colección de piezas valiosas para el estudio del pasado argentino.

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