miércoles, 7 de mayo de 2025

BELISARIO PERÓ. Aporte para contemplar las cúpulas funerarias.

BELISARIO PERÓ. Aporte para contemplar las cúpulas funerarias.

Fotos personales tomadas el 3 de noviembre de 2024.
En general, en la arquitectura funeraria que forma parte del patrimonio de muchos cementerios hay un elemento que ha suscitado muy poca atención y en consecuencia una muy pobre consideración. Con mi intención de relacionar cada vez más las fuentes primarias de la historia como sería un estudio del libro de san Isidoro de Sevilla en sus “Etimologías” como las fuentes secundarias que se manifiestan en la bibliografía que puede enriquecer nuestra mirada y comprensión de este patrimonio como puede ser el caso de la obra del orientalista un tanto esotérico como fue René Guénon titulada: “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” editado por Paidós Orientalis. (Barcelona 1995). En el capítulo XXXIX este autor justamente se ocupa del simbolismo de la cúpula y me interesa comentarlo como para poder fundamentar en ese autor algunas de mis afirmaciones y comentarios. Como es sabido todo monumento funerario se lo construye a partir de criterios que marcan su estructura y la disposición de los diferentes elementos que lo componen y que nos llevan a pensar en una dimensión “cósmica”, en especial al considerar las cúpulas con el resto del edificio y cada elemento que compone esa cúpula. La relación entre la cúpula y el edificio que la sostiene, es decir entre un círculo y un cuadrado nos puede llevar a pensar por analogía en el “macrocosmo” y el “microcosmos”. El macrocosmo se relaciona con el cielo y lo trascendente mientras que el microcosmos nos lleva a pensar en la tierra y el ser humano. René Guénon afirma: “que no hay nada “profano” en las civilizaciones íntegramente tradicionales, de modo que solo por efecto de una profunda degradación ha podido llegarse a construir casas sin proponerse otra cosa que responder a las necesidades puramente materiales de sus habitantes, y éstos, por su parte, han podido contentarse con moradas concebidas según preocupaciones tan estrecha y bajamente utilitarias”. Este mismo criterio se puede aplicar a la arquitectura funeraria contemporánea. La forma más o menos hemisférica de una cúpula que se apoya sobre una estructura cuadrada nos conduce a pensar en la relación entre el cuadrado que simboliza en el lenguaje simbólico la tierra y lo circular que nos lleva a pensar en lo celestial. El hecho que podemos constar que en “las iglesias cristianas en las cuales una cúpula está edificada sobre la parte central”. Esta realidad que vemos en los edificios de algunas iglesias también ocurre en la arquitectura funeraria. La parte cuadrada que sostiene la cúpula, la parte semiesférica podría ser considerado como el hipogeo que sostenía los templos de la Grecia clásica. Si se mira la estructura de las cúpulas desde la base a la cúspide, aquello que van de un amplio círculo que culmina en un punto central nos puede llevar a pensar en el camino que va de la diversidad a la unidad. El pensamiento inverso se puede considerar si se la considera desde arriba hacia abajo se puede pensar en el paso de la unidad a la diversidad, de lo celestial que siempre es uno a lo terrenal que siempre es múltiple. Las cuatro partes que sostienen la cúpula se la puede considerar como los cuatro puntos cardinales que asumidos por la cúpula se dirigen hacia la unidad. Además en ese punto central y único que vemos en la cúspide de toda cúpula en muchos casos vemos que allí se han ubicado elementos para permitir la entrada de la luz y esto nos dice de dónde viene esa iluminación tan necesaria en la vida. Ese eje de luz también nos puede llevar a pensar en un eje central que simbólicamente nos puede permitir ubicarnos en el “Eje del Mundo” donde se encuentran dos realidades. Este Centro del Mundo, dice esta autor que “no es un “lugar” en el sentido topográfico y literal del término, sino en un sentido trascendente y principal, y, por consiguiente, puede realizarse en todo “centro” regularmente establecido y consagrado, de donde la necesidad de los ritos que hacen de la construcción de un edificio una verdadera imitación de la formación misma del mundo”. En general debajo de este eje en muchos monumentos funerarios se ha ubicado un altar que pasa a ser simbólicamente lo que se suele llamar “el ombligo de la tierra” donde todo comenzó y en donde todo va a concluir. Es sorprendente todo el lenguaje simbólico que podemos encontrar en las muchas cúpulas de este cementerio que enriquecen nuestra comprensión de este patrimonio. 




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