MARIQUITA SANCHEZ DE THOMPSON. Los preparativos de un casamiento a mediados del siglo XIX.
Fotos personales tomadas el 15 de octubre de 2018 y el 3 noviembre de 2024
Es interesante como este fragmento del libro de Rafael Calzadillas nos introduce en el mundo de las costumbres matrimoniales, la forma de comprender la diversidad religiosa y la descripción de una geografía histórica urbana muy detallada. La condición religiosa del inglés elegido por el corazón se la pone bajo el título tanto de hereje como de judío como sinónimos y el temor que la novia por el solo hecho de casarse con un protestante, posiblemente anglicano, se fuera directo al infierno. Este breve texto es toda una revelación sobre la mentalidad religiosa de la primera mitad del siglo XIX en Buenos Aires.
También resalta el hecho que la curia católica le concede dispensa o posiblemente le obligo a convertirse como para eliminar ese obstáculo en el casamiento que finalmente se logra. También vemos que aún las casas de familias económicamente acomodadas no tenían agua corriente
“…tenian igualmente el inconveniente de qué ni jota entendían de lo que les decían, pero como el amor es tan socorrido y tiene tantas arterias, al fin llegaron á entenderse con ellas; No con las mamas que los tenían por herejes, que se iban á condenar, y por esto no podían casarse con las criollas que eran católicas y apostólicas romanos…
Sin embargo, hubo entre ellos uno más diablo que los otros, que se dejaron de andar por las ramas y se fue al tronco. Lo nombraré, porque el caso es uno de los más aplaudidos de aquel tiempo inolvidable en que al pan le llamaban pan, y al vino, vino; y de que me acuerdo como si fuera ahora mismo.
Fue este héroe señor Jonh Tompson, el primer marido (porque en segundas nupcias casado con Sr. Mandeville, francés) de la espiritual señorita doña María Sánchez, casamiento á que se oponían sus padres por achaques de religión, pues siendo el inglés judio se iría al infierno la niña.
Pero el inglés que no era lerdo, parodiando al duque de Buckingham con Ana de Austria, se entendió con el aguatero de la casa, pues, como es sabido, en esos tiempos, no había aguas corrientes, ni pestes; y tomando su traje y pintándose la cara de sucio, para que la mamá (todas las criadas, como sucede, estaban en el secreto) no lo conociera, entraba á la casa á distribuir y llenar el baño para su Dulcinea, que lo esperaba con cariñoso anhelo, á recoger una miradita ni siquiera, del rubio inglés, y darle un pellizco de esos que daban entonces á manera de cariñarse, como para anunciarles que no se desmandaran diciéndoles algo que diera al traste con el recurso inventado. ¡¡Y dicen que ahora las gentes son tan vivas y ¡tan diablas!
Pero al impedimento, vino la corte romana, que le sacó al inglés unos buenos pesos para misas; y lo dispensó de irse al infierno, abriéndole las puertas del cielo, concediéndole la mano de la brillante porteña que revivió por partida doble también, al inglés y á los pesos, regalándole una manzana de casas, esquina de Florida y Cuyo, al norte; y de Cangallo y San Martín, al sud— á los cuatro vientos del cuadrante. La prenda merecía esto y mucho más. ¡Qué ejemplo para nuestro actual generación, en que tan cambiados están los roles![1]”. Se transcribe el texto de acuerdo a la ortografía original que he evitado corregir como testimonio de lo fluctuante que son las reglas gramaticales.
El nombre completo de esta señora era María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo
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