LA ORIENTACIÓN DEL PATRIMONIO FUNERARIO. Los puntos cardinales y su simbología
Fotos personales tomadas el 4 de junio de 2026
Para el cristianismo la orientación de las iglesias y en especial las basílicas tenía una importancia simbólica muy importante. Entre los cuatro puntos cardinales el este era el escogido por su fuerte carga de significado ya que era el lugar del cual nace el sol y este hecho es rodeado de una muy compleja reflexión sobre la iluminación espiritual. El recibir los primeros rayos del sol se relacionaba tanto con la renovación de la vida, sus posibilidades de plenitud como con la idea de la nueva vida, la resurrección final.
Existen una gran cantidad de textos tanto dentro del cristianismo como en otras religiones de relacionar el oriente como el origen de la sabiduría, la vida y los nuevos amaneceres, tanto físico como espiritual
En este contexto me pregunto si algunos cementerios en América Latina cumplen esa orientación y si existen documentos que nos permitan pensar que fue un tema de debate cuando se planificó su orientación.
Los puntos cardinales organizan simbólicamente el espacio a los que posiblemente en la simbología funeraria se le puede agregar la dimensión vertical y la del inframundo. Por supuesto no podemos dejar de pensar en el punto central que relaciona esas dimensiones ya que ese punto es el lugar de la geografía simbolica la dimensión en que se encuentra el cielo y la tierra, lo divino y lo humano, el cielo y el infierno, etc. Por supuesto estos puntos cardinales también se relacionan con una cruz en la cual se organiza la vida y la muerte, el tiempo circular y el tiempo lineal. Esos puntos cardinales, su punto central y las dimensiones verticales y horizontales son la fuente de energías espirituales que muchas veces se expresa claramente en la arquitectura funeraria.
En los textos del escritor denominado Pseudo Dionisio Areopagita que describe una liturgia bautismal, en la cual el catecúmeno que va a pasar por esas aguas renovadoras es colocado mirando al occidente, lugar donde habita el mal, con las manos levantadas para pronunciar las palabras de un exorcismo, ritual que aún perdura modificado en la liturgia de muchas iglesias cristianas en las actuales liturgias de bautismo. Luego de haber renunciado al demonio, sus obras y sus pompas, el neófito se volvia al oriente para comenzar su nueva vida, inducido por el celebrante a elevar sus manos y mirada al cielo de donde procedía su nueva ciudadanía.
Es muy posible que en la geografía y ubicación de cementerios y monumentos funerarios aún perdure esta mentalidad y comprensión de esta geografía simbólica propia del patrimonio funerario[1].


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