sábado, 11 de octubre de 2025

RUBEN G. BANFI. Arquitectura funeraria: el octógono y las construcciones de ocho lados.

RUBEN G. BANFI. Arquitectura funeraria: el octógono y las construcciones de ocho lados.

Fotos personales tomadas 2 de abril 2022 y el 27 agosto 2025
En la arquitectura funeraria tenemos que tomar muy en serio la simbología del plano octogonal o de ocho lados de muchos monumentos funerarios. Su relación con las pilas bautismales cristianas es evidente y nos revela una forma de comprender la muerte. De la misma forma que muchas pilas bautismales tiene ocho lados para simbolizar el nacimiento a una nueva vida, a una vida perfecta de discípulo del Evangelio, la muerte también y en forma paradójica se la puede, a través del sentido de esta simbología, interpretar como el nacimiento a una vida que ya no tendrá final.
De la misma manera que el octógono simboliza la nacimiento a la vida eterna que un nuevo miembro de la comunidad cristiana alcanza a a través de las aguas de este sacramento, no podemos olvidar que también simboliza la muerte a todo aquello que se opone al plan de Dios. Por lo tanto el concepto de nacimiento y muerte están claramente unidas en la mentalidad de quienes utilizan esta simbología y que nos da una clave para enriquecer la interpretación del octógono en el lenguaje funerario.
Es muy posible que la interpretación simbólica del número ocho tenga una estructura casi de arquetipo ya es su uso es casi universal como símbolo del equilibrio cósmico. Es el número con el cual se representa la rosa de los vientos y frecuentemente es el número de las ruedas de diferentes medios de transporte. También encontramos el número ocho en los pétalos de diversas flores utilizadas en el simbolismo funerario como es la flor de loto. En las estructuras arquitectónicas el octógono o el número ocho tiene una situación de mediación entre el cuadrado que sostiene las cúpulas y el círculo de estas que se interpreta como una mediación entre la tierra y el cielo.
En el pensamiento cristiano el octavo día sucede a los siete días de la semana incluyendo el sábado según la estructura simbólica del pensamiento del Antiguo Testamento. El ocho es un preanuncio de la vida futura, que de la misma forma que en ese octavo dia se ubica la resurrección de Cristo, por medio de una estructura de ocho lados se espera repetir esa epifanía, ese acontecimiento primordial. El número siete se la relaciona con el Antiguo Testamento mientras que el ocho es parte del Nuevo Testamento.
El número ocho no necesariamente se la tiene que interpretar como una cifra matemática sino es aquello que simbólicamente supera al número séptimo relacionado con el pasado superado y se lo usa para revelar la vida a la cual están destinados los justos. El octavo día simboliza también la transfiguración de la realidad y la vida personal de cada individuo a imitación de la transfiguración de Cristo tal como lo relata el Evangelio de Mateo 17, 1-3: “17 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de Santiago, y se fue aparte con ellos a un cerro muy alto. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Su cara brillaba como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz. En esto vieron a Moisés y a Elías conversando con Jesús”. Es interesante prestar atención que esta transfiguración se realiza en un cerro o monte que seguramente se lo puede relacionar con un elemento arquetípico que nos puede llevar a pensar en todos los podios o elevaciones de muchos monumentos funerarios también ocupan ese lugar mental del cerro o montaña sagrada. [1]
[1] CHEVALLIER, Jean, bajo la dirección y GHEERBRANT, Alain, colaboración. “Diccionario de los Símbolos”. Herder Editorial S.A. Barcelona. 2007 





viernes, 10 de octubre de 2025

MANUEL ALFREDO VETRONE. Cúpula octogonal, querubines de victoria y pilastras apuntando al cielo.

MANUEL ALFREDO VETRONE. Cúpula octogonal, querubines de victoria y pilastras apuntando al cielo.

Fotos personales tomadas el 12 de septiembre de 2020.
Es importante, al caminar por los senderos de este museo al aire libre, darle tiempo a estas obras arquitectónicas tan llenas de mensaje simbólico.
En este caso, además de una interesante cúpula, tenemos una fecha: 1902 que nos permite con seguridad ubicarnos en el tiempo de su construcción . Esta fecha esta rodeada de una corona que puedo imaginar de nomeolvides con esa promesa de recordar y nunca olvidar. A ambos lados y como casi acróteras dos llamas votivas con toda el simbolismo del fuego y de las llamas. Debajo el nombre del jefe de familia.
Sobre la puerta ángeles de la jerarquía de los querubines como portadores de coronas de triunfo y antorchas invertidas que proclaman que aún en medio de las tinieblas la luz de la memoria continúa iluminando. Las columnas corintias que acompañan la escena crea una atmósfera de cierto gozo y sentimientos positivos.



miércoles, 8 de octubre de 2025

LA ALEGORIA NO ES UN SÍMBOLO NI UNA METAFORA, TAMPOCO UN SIGNO.

LA ALEGORIA NO ES UN SÍMBOLO NI UNA METAFORA, TAMPOCO UN SIGNO.

Fotos personales 1º) Santiago Devoto. Alegoría de la amistad. 19 de junio 2025. 2º) Gardey. Alegoría virtud teologal de la caridad. 29 marzo 2025. 3ª ) Alfredo Leonardo Goti: Alegoría de la amistad. 3 marzo 2925. 4ª) Félix T. Muñoz. Alegoría de la Caridad. 4 mayo 2925

En el lenguaje funerario muchas veces es complicado y difícil tener claro la diferencia entre alegoría, signo y símbolos. Las alegorías son representaciones artísticas que pueden aparecer en ilustraciones o en obras de arte en múltiples contextos. En la literatura es importaste diferenciar metáfora de alegoría. Son procesos de simbolización que se realizan en forma conscientes y no son parte de los arquetipos. En general se puede tomar como regla general que viven un intenso antropomorfismo, es decir, que asumen representaciones personificadas.

Las alegorías han tenido un uso intenso en la Grecia clásica, de allí pasan a la cultura romana clásica y el Renacimiento junto con el Barroco retomaron su uso. Es importante tener en claro que las alegorías no son símbolos a pesar que en algunas representaciones simbólicas pueden aparecer símbolos como es el caso frecuente del caduceo de Mercurio o de Esculapio en las alegorías relacionadas con la medicina, farmacia o comercio.

Los símbolos remiten a una forma trascendente de mensaje mientras que la alegoría agota su mensaje en sí misma, en una situación próxima al signo convencional que también es producto de una acción deliberada y consciente. Muchas veces esa humanización o proceso antropomórfico de la alegoría hizo necesario el uso de un atributo como para poder determinar su identidad, tal el caso de las virtudes teologales donde la esperanza se la identifica porque tiene el atributo del ancla, mientras que la fe se aferra a la cruz y la caridad aparece con un niño amamantado en su pecho y rodeada de otros a sus pies.

En la mitología griega y romana podemos encontrar divinidades alegóricas como la Fortuna, la Venganza, la Libertad o el Trabajo. Esta relación entre mitología y alegoría es muy estrecha. En el lenguaje funerario es frecuente encontrar a la muerte como una imagen alegórica al igual que la eternidad, la amistad, el dolor o la tristeza. Algunas alegorías, sin dejar su aspecto antropomórficos pueden junto a sus atributos asumir acciones para fortalecer su significado como la victoria que levanta una corona de laurel que es un símbolo, o la justicia que levanta una balanza que es símbolo de equidad.

En el lenguaje funerario contemporáneo tenemos la personificación de la industria, la ganadería, la república o el comercio como nuevas formas de alegorías adaptadas a los cambios sociales o económicos.[1]

 [1] CIRLOT, Juan Eduardo. “Diccionario de Símbolos”. Editorial Labor S.A. Barcelona 1992. 







martes, 7 de octubre de 2025

YGNACIO FREYRE. ARQUITECTURA FUNERARIA. El baldaquino o la protección celestial.

 

YGNACIO FREYRE. ARQUITECTURA FUNERARIA. El baldaquino o la protección celestial.

Fotos personales tomadas el 3 de mayo de 2024

ARQUITECTURA FUNEARIA. El baldaquino o la protección celestial.

La arquitectura funeraria al igual que la religiosa utiliza frecuentemente aquello que se denomina baldaquino, dosel o palio que es un breve techo tanto de piedra como también puede ser portátil y es utilizado al desplazar el Santo Sacramento tanto interna como externamente a la iglesia o sobre una personalidad destacada. Esta protección que se sostiene con cuatro columnas se las utiliza para resaltar la importancia de un altar o de una tumba. En algunas comunidades religiosas se asocia este elemento con el símbolo del cielo protector en el microcosmos. [1]

[1] BIEDERMAN Hans. “Diccionario de Símbolos”. Paidós Ibérica S.A. Barcelona. 1993





domingo, 5 de octubre de 2025

LUÍS R. GUELFO. La luz mediadora que comunica y transfigura

LUÍS R. GUELFO. La luz mediadora que comunica y transfigura.

Fotos personales tomadas el 27 de agosto de 2025.
Los vitrales forman una parte importante del patrimonio funerario y son un gran libro y recurso informativo que nos permite conocer la espiritualidad de un momento determinado de la historia. Son una combinación importante de devoción, teología, arte y técnica que ha permitido un diálogo entre lo divino y lo humano mediado por el color, la luz solar y arte. Se constituyen como grandes tapices o frisos que en forma dinámica intentan compartir un mensaje.
Siempre y en forma renovado nos podemos preguntar sobre el papel que este elemento juego en la construcción de un lenguaje simbólico funerario. Más allá de la técnica con la cual han sido construidos el aspectos más importante es considerar la figura que se ha escogido para ser un elemento activo en la mediación entre esa luz que viene desde lo alto y desde afuera y el interior que es el objetivo de esa iluminación.
Son verdaderas obras de arte que unen un aspecto estético con la devoción y el pensamiento teológico de una familia o comunidad. Las historias tomadas en general de las Escrituras cristianas colocan una aspecto de la vida del mismo Jesucristo, o de la Virgen María y de muchos santos para simbolizar una acción de presencia y acompañamiento que la trama de color profundiza. Son una forma de hacer próxima una presencia celestial deseada y esperada.
Los vitrales funerarios intentan poner en contacto y diálogo tanto un espacio como a las personas que los contemplan y por ellos se sienten iluminados. Su época de mayor esplendor lo podemos ubicar en el siglo XII con la aparición de la arquitectura gótica y su aplicación se mantiene con cambios de estilos hasta el presente.
Estas especies de páginas de un libro de devoción intentan con la luz solar fortalecer un mensaje simbólico importante. Una investigación integral de los vitrales que forman parte del patrimonio funerario nos puede permitir o facilitar descifrar ese libro de pensamiento teológico y de devoción de quienes han escogido la escena bíblica que se desea hacer presente o la intermediación de vírgenes, mártires y santos escogidos para cumplir esa misión.
Cada vitral es la narración de una historia con mensaje que van más allá de la estético o de una función práctica. Son verdaderas herramientas educativas que nos permiten conocer gran parte de la simbología funeraria. Nada es neutro en su composición. Cada color cumple una función en la comunicación de ese mensaje. El azul asociado tanto con lo celestial como con la pureza y piedad de la Virgen María. El rojo siempre se lo relaciona con la pasión de Cristo y con el sentimiento de sacrificio y martirio. Estamos frente a un código cromático muy detallado que siempre intenta comunicar una presencia utilizando esta interacción entre luz, el tema del vitral y la fuente de esa iluminación nos llevan a pensar en lo trascendente y como esa luz puede transfigurar un espacio.
En estos vitrales vemos en el centro la representación del dogma de la Inmaculada Concepción con nubes y querubines a sus pies que cumple una función mediadora importante acompañada a la derecha por la imagen de san José a quien podemos identificar por llevar como atributo una vara de azucena o un lirio como símbolo de su pureza. A la izquierda vemos otro santo convocado para esta función de iluminación, mediación y transfiguración. 




viernes, 3 de octubre de 2025

DELLAROSSA. La compleja simbología funeraria del triángulo

DELLAROSSA. La compleja simbología funeraria del triángulo

Fotos personales tomadas el 27 de agosto de 2025.
En el patrimonio simbólico funerario el triángulo y el número tres tienen una presencia importante con un significado muy diverso. Esas formas geométricas tienen como una jerarquía: primero el triángulo como la primera superficie, segundo el cuadrado y su relación simbólica con la tierra de acuerdo con el pensamiento de Platón, y tercero el pentágono.
El triángulo es indudable una figura arquetípica que subyace detrás, debajo o con muchos símbolos funerarios. También la significación puede variar si se trata de un triángulo equilátero que se relaciona con la armonía y que justamente se pierde cuando se transforma en rectángulo.
El llamado sello de Salomón está compuesto por dos triángulos equiláteros invertidos y simbolizan la sabiduría humana, y la divinidad ya que el nombre divino que no se puede pronunciar aparece justamente enmarcado en un triángulo de estas características. Estos triángulos invertidos que pareciera que uno es reflejo del otro se lo ha utilizado en la iconografía cristiana para simbolizar la doble naturaleza de Cristo: la divina y la humana. También han llegado a simbolizar la montaña y la caverna arquetípicas. En el pensamiento simbólico existen innumerables triadas como el pensar bien, hablar bien, hacer bien, o también pensando en el tiempo: pasado, presente y futuro. Llevado a la vida humana tenemos el nacimiento, madurez y muerte.
Esto nos conduce a mirar estos símbolos como representativos de la Trinidad cristiana, un solo Dios en tres personas o identidades que a su vez se le aplican funciones diferentes: creación, redención y santificación. Estas formas triangulares aparecen en el trébol de tres hojas y en la tres veces tres de las jerarquías celestiales. Estos círculos entrelazados también tienen un significado trinitario[1]


[1] CHEVALLIER, Jean, bajo la dirección y GHEERBRANT, Alain, colaboración. “Diccionario de los Símbolos”. Herder Editorial S.A. Barcelona. 2007 




DR. JUAN HÉCTOR JARA. El médico de los pobres.

DR. JUAN HÉCTOR JARA. El médico de los pobres.

Fotos personales tomadas el 14 de agosto de 2021.
El mundo maravilloso de las placas nos abre puertas insospechables que iluminan personalidades y vidas que bien vale la pena hacer memoria. En esta placam para mi sorpresa vemos en cada extrema y en sus ángulos una cruz esvástica que por la fecha de elaboración de esta placa seguramente no tiene ningún contenido ideológico sino un mero elemento ornamental. En ella encontramos la siguiente inscripción: "Al DOCTOR J. HÉCTOR JARA, +6 de junio 1920. Homenaje afectuoso de sus condiscípulos graduados en 1898" También vemos una doliente que en sus manos es portadora de rosas como símbolo del afecto de sus condiscípulos. Vemos también el caduceo que identifica su vocación como médico, junto a una lámpara que simboliza inteligencia junto a los laureles que aportan la idea de gloria y triunfo.
RECURSO BIBLIOGRÁFICO
El Dr. Juan Héctor Jara
Médico director del Hospital y Asilo Marítimo, que funcionaba en la manzana donde actualmente se encuentra el Instituto Nacional de Epidemiología. Dicho establecimiento era propiedad de la Sociedad de Beneficencia, entidad privada de la que formaban parte damas de la “alta sociedad”
Jara había nacido en 1869 en la ciudad de Bella Vista, provincia de Corrientes. Su infancia fue traumática, pues fallecieron sus padres y el único hermano, por lo que su tía debió hacerse cargo del niño. Concurrió a la escuela primaria de la ciudad natal y al Colegio Nacional de Corrientes capital. A los 19 años (1889) ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Realizó las prácticas en el Hospital Rivadavia y en 1898 obtuvo su título de médico.
Por motivos que desconocemos, al año siguiente se trasladó a General Belgrano, provincia de Buenos Aires, donde comenzó el ejercicio de su profesión. De trato cordial, ganó la simpatía de los habitantes, que valoraban el hecho de que no cobrara honorarios a los pobres. Al año siguiente la informaron que la Sociedad de Beneficencia buscaba un médico para dirigir un establecimiento destinado a la atención de niños. Viajó entonces a la Capital Federal y fue contratado por la Sociedad. En ese entonces no existía la pediatría como especialidad, sino que los médicos que elegían atender a los niños lo hacían por vocación.
En el mismo año 1900 Jara, que tenía 31 años, tomó posesión de la dirección del Hospital y Asilo Marítimo, destinado al tratamiento de niños débiles y anémicos, y enfermos agudos de tuberculosis. Su capacidad era de 170 camas. Su alojamiento se encontraba dentro del mismo edificio. Visitaba a sus pacientes todos los días, inclusive domingos y feriados. El contrato preveía que también podía desempeñar su profesión en forma particular. La administración del Hospital fue entregada a las religiosas de la Congregación de Hijas de María del Huerto, que también atendían las salas y dormitorios. Antes de que llegara a Mar del Plata, otros médicos se habían radicado en esta ciudad, entre ellos Arturo Alió. Tuvo una buena relación con sus colegas.
Contrajo matrimonio en 1901 y tuvo tres hijas. Una de ellas, María Carolina, murió a los ocho años. Era integrante del primer directorio del Establecimiento de Caridad, que luego daría origen al Hospital Mar del Plata, cuya piedra fundamental fue colocada en 1903. La gente de escasos recursos lo llamaban “médico de los pobres”pues nunca cobró a los humildes por las consultas; además, trataba de procurarles los medicamentos que necesitaban. Se caracterizaba por su conducta espontánea, era un verdadero filántropo un tanto carismático. Tenía gran capacidad de trabajo, nunca parecía apurado o fatigado, dedicaba a sus pacientes todo el tiempo necesario. No llegó a ser una persona de fortuna, a pesar de que atendió a la mayoría de las familias marplatenses y de los veraneantes.
Sus propiedades eran un chalet situado en Ayacucho 3340 y una quinta de tres hectáreas. Su consultorio particular estaba ubicado en San Martín al 2400. Fue presidente del Círculo de Obreros Católicos, médico de la policía y de los ferroviarios, consejero escolar, profesor en el Colegio Nacional y director del Solarium, también dependiente de la Sociedad de Beneficencia.
Falleció en 1920 en la Capital Federal, adonde había sido trasladado para su mejor atención. Tenía 51 años. Fue alojado en el cementerio de Recoleta. En su memoria, fue esculpido un busto que se colocó en el hall de entrada del I.N.E. (ingreso por calle Ayacucho) y se construyó un mausoleo en el cementerio de la Loma, previsto en una ordenanza y llevado a la realidad por la acción del Centro Médico de Mar del Plata y la Municipalidad de General Pueyrredón.

SICILIANO Y CAREY. Cúpulas. La mediación del patrimonio funerario.

SICILIANO Y CAREY. Cúpulas. La mediación del patrimonio funerario. Fotos personales tomadas el 5 de marzo de 2026 LA MEDIACIÓN DEL PATRIMONI...